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Alberto Mejía Barón recibirá homenaje póstumo
Uno de los más reconocidos creadores de títeres

en el país falleció el pasado 4 de abril


EL UNIVERSAL 
CIUDAD DE MÉXICO MARTES 07 DE ABRIL DE 2009 por TERESA GARCÍA 
14:59 El mundo de las marionetas está de luto, la mañana del pasado sábado 4 de abril murió Alberto Mejía Barón, mejor conocido como Alfin, quien fue calificado hace una década en la Bienal Internacional de Marionetas en Portugal, como uno de los tres mejores hacedores de títeres en el mundo.

A tan sólo cuatro días de celebrar su cumpleaños número 61, Alfin falleció a causa de una neumonía y su cuerpo fue incinerado de acuerdo con su última voluntad. Familiares, amigos y discípulos lo despedirán este miércoles 8 con un homenaje en el Centro Cultural San Ángel, de la ciudad de México.

Alfin fue merecedor de innumerables reconocimientos y fue un destacado representante de México en diversos encuentros culturales y festivales internacionales de títeres, en varias regiones del mundo.

Fiel a su creencia de dar a conocer a las nuevas generaciones el trabajo del titiritero, se montó una exposición-homenaje con más de 240 marionetas en el Papalote Cuernavaca, en el estado de Morelos inaugurada en diciembre del año pasado y que permanecerá en exhibición hasta enero de 2010.

Mejía Barón participaría en la celebración del Bicentenario de la Independencia con una serie de siete personajes históricos, sin embargo, su obra quedó inclusa junto con otras obras inspiradas en El Mahabarata, la reelaboración de piezas de su colección Mozart y la restauración de La Maya, obra que reúne a 150 marionetas y que relata el primer encuentro entre los pobladores de América y los Españoles y que se presentó en la Expo Sevilla 92.

Con una trayectoria de más de 40 años, el polifacético creador logró el éxito en todos los terrenos como las artes plásticas, teatro, ópera, cine, televisión y performance, además de su destacada labor como titiritero, restaurador y coleccionista de marionetas.

Durante más de 20 años y de manera ininterrumpida, logró colocarse como ‘amigo vivo' en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, montando exposiciones y espectáculos de gran éxito como la recreación de la vida, agonía y obra de la pintora mexicana con el performance Alfin cariño mío.

En 1999 en la Bienal Internacional de Marionetas de Évora, Portugal, fue distinguido como uno de los tres mejores talladores de títeres de madera en el mundo lo que motivó al coréografo George Balanchine a proponerle la creación de un Ballet Nacional de Marionetas, proyecto que no logró terminar debido al fallecimiento del artista de origen ruso.

Alfin llevó a la literatura el arte de crear marionetas con los libros Panorama del Títere en Latinoamérica en 1989 y Teatro de Muñecos en Hispanoamérica en 1993, ambos editados por el Centro de Documentación de Títeres de Bilbao, España.

Considerado como el padre de los títeres, también incursionó en las artes escénicas al desempeñarse como director, productor, escenógrafo, coreógrafo, vestuarista, actor, titiritero y artífice en óperas. Destacó su labor en el Palacio de Bellas Artes quien entre 1981 y 1983 se desempeñó como realizador del Departamento de Vestuario Teatral del INBA.

Además de las marionetas, su incursión en el cine como actor protagónico y de reparto, director de arte o vestuarista incluyó más de 60 películas entre las cuales están Cabeza de Vaca, de Nicolás Echevarría, Mezcal, de Ignacio Ortiz, Entre la Tarde y la Noche, de Oscar Blancarte y Trampa Infernal, de Pedro Galindo III así como en 30 documentales, muchos realizados sobre su vida y obra.

Mejía Barón comenzó su carrera a los 18 años, cuando se le asignó el diseño y realización de un par de murales, con chatarra de automóviles, para la Refinería Azcapotzalco y posteriormente, creo esculturas, dibujos y grabados que presentó en exposiciones individuales y colectivas y que actualmente se encuentran en poder de coleccionistas o colocadas en instituciones públicas y privadas.

Importante mención merece su acervo de títeres prehispánicos que le donaban para su investigación y restauración, así como su colección de 78 marionetas de la Compañía Rosete Aranda, Carlos V Espinal e Hijos, quizá la más grande en manos de una persona.

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