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PANCHO VILLA EN LA GUERRA… DE ESPAÑA

Por Fabián Zamora R.

Más que una ideología

Nuestra historia está llena de personajes controvertidos, amados y odiados a un tiempo. Nombres famosos y vidas que generalmente se desconocen. Es posible que Villa, el hombre más afamado de la Revolución, sea también el más controvertido por ser el más odiado y el más admirado.

A cien años de la Soberana Convención, periodo en el que Villa tuvo el poder, conviene revalorar al Centauro del Norte desde una perspectiva diferente, la de las pasiones que despertó en varias generaciones de atletas, guerrilleros y escritores. Y es que Villa no cabe en el molde de ninguna ideología; mientras Zapata se ha convertido en bandera de las izquierdas más radicales, y mientras Carranza (el Fouché mexicano) es un icono de la política institucional, Villa despierta admiración en la derecha y en la izquierda, y aún en aquellos que no profesan ideología política alguna.

Se mantiene el debate sobre si Villa fue un verdadero revolucionario o si fue un agente de la reacción, también se sigue diciendo que fue un vulgar bandido.1 Esta última acusación pierde todo fundamento al oponer los programas sociales que planteó e implementó el Jefe de la División del Norte. Los que lo llaman reaccionario bien pueden encontrar argumentos de sobra, especialmente en la última etapa de la lucha armada (considerando éste periodo desde la entrada en vigor de la Constitución de 1917 y hasta el triunfo del Plan de Agua Prieta), en el que Villa unió fuerzas con sus antiguos enemigos: los llamados reaccionarios. La alianza tomó forma en el Plan de Río Florido, en el cual se plantearon una serie de reformas políticas y sociales, y cuyo punto más importante fue el desconocimiento de la Constitución de 1917 para exigir la vuelta a la vigencia de la Constitución de 18572, es decir, Carranza fue atacado con su propia bandera: la defensa de la Constitución de 1857.

Las razones que Villa tuvo para aliarse con el grupo reaccionario resultan obvias. Desde las batallas libradas en el Bajío, conocidas con el nombre genérico de Batalla de Celaya, el poder militar de la División del Norte había menguado; el poder de la reacción, por otra parte, había sufrido un revés tras otro. La alianza entre los enemigos de Carranza era algo natural, aunque sus ideologías fueran irreconciliables. Villa tal vez actuó por desesperación, pero no es posible afirmar o siquiera sostener que fuera un agente de la reacción. Villa fue un revolucionario, un verdadero partidario del proletariado.

Lo curioso es que Villa tampoco cabe en el estrecho cajón de la izquierda, su obra y su personalidad fueron más allá. Su objetivo y su visión estuvieron por encima de las ideologías y de los personalismos. Esta característica posiblemente sea la más notoria del Caudillo norteño y la que más ha impresionado a las generaciones posteriores.

La fama de Villa cruzó el océano y se multiplicó en notas periodísticas, en películas y libros, aún en obras de teatro. Para 1925 el nombre de Pancho Villa era conocido en Europa y Asia, pero se encontraba inmerso en la “leyenda negra” del bandido sanguinario y ambicioso. A pesar de la mala propaganda, su nombre fue sinónimo de valentía.

Fama mundial

En la década de 1920 el boxeador filipino Francisco Guilledo alcanzó fama mundial con el sobrenombre de “Pancho Villa”, el apodo pudo deberse a la similitud en el nombre, lo relevante es que Guilledo ha sido recordado como uno de los mejores boxeadores de la historia. A finales de 1924 se le consideró el mejor peso mosca del mundo,3 y en enero de 1925 lo confirmó al ganar el título mundial de peso mosca en Nueva York.4 Pero, como lamentablemente ocurre en muchos casos, la carrera meteórica de “Pancho Villa” terminó de tajo en julio de 1925, cuando falleció a consecuencia de una operación de la mandíbula,5 aún no cumplía veinticuatro años y ya era toda una leyenda del deporte.

Poco tiempo después, un boxeador español tomó el sobrenombre de “Pancho Villa”, y si bien, no alcanzó la fama del filipino, sí fue muy popular entre los espectadores.6 No sorprende que a un deportista español se le diera tal sobrenombre, porque el caudillo mexicano había alcanzado una notable fama en la Península Ibérica.

Los diarios publicaban frecuentes notas sobre anécdotas e historias, apócrifas o dudosas en su mayoría, que mucho contribuyeron a la leyenda negra. Pero, la abundancia de artículos sobre el Centauro del Norte solo revela que los lectores estaban ávidos de datos y detalles, se le presentaba como a un superhéroe de carne y hueso, como a una leyenda verdadera. Prueba de la fascinación es la difusión que tuvieron novelas como LAS HAZAÑAS DE PANCHO VILLA, que en varios periódicos fue presentada con las siguientes líneas:

Se acusa enérgica una singular figura, sobre el ambiente, rojo de sangre y alumbrado por resplandores de incendio, del Méjico revolucionario. La vida entera del guerrillero que de ladrón de ganado llegó a generalísimo del ejército libertador, sin dejar de ser nunca un bandido ávido y cruel, se relata hasta el día en que murió cazado como una alimaña en emboscada implacable.”

Treinta céntimos en todos los quioscos y puestos.”7

La fiebre por Villa llegó hasta el teatro. En enero de 1928 se estrenó la obra NOPAL, en el teatro “Infanta Beatriz”, protagonizada por el actor Ernesto Vilches, basada en una obra del escritor mexicano Enrique Uthoff en la que se aborda el tema de la Revolución mexicana, con Francisco Villa como personaje central. La puesta en escena obtuvo críticas muy favorables, que mucho alabaron la actuación de Vilches en el papel de Villa, pero la figura del caudillo, a pesar de resultar tan atrayente, recibía un trato despectivo.8 Por ejemplo, una crítica publicada en la revista ESTAMPA, calificó de “siniestro” al revolucionario.9

Un villista en España

Durante la década de 1930 la fama de Villa creció notablemente, como se demuestra por el incremento en las publicaciones alusivas.

Por aquellos años estuvo en España un auténtico villista: Martín Luis Guzmán. Escritor que, por un breve periodo, tuvo una estrecha colaboración con el Centauro del Norte. En 1915 estuvo por primera vez en España, durante aquel año trabajó para la prensa española, a lado de Alfonso Reyes, bajo el pseudónimo común de “Fósforo”.10 Retornó a México y varios años después volvió a España, establecida la República en abril de 1931, Martín Luis Guzmán se reveló como un decidido promotor de la revolución laica, bajo la protección y la amistad personal de Manuel Azaña.11 Pero, el paso del efímero villista por tierras ibéricas no fue del todo afortunado, porque en varias ocasiones se vio envuelto en escándalos que dejaron muy maltrecha su reputación.

Por recomendación del propio Azaña, Guzmán fungió como gerente de la Compañía Editorial Española S.A., que dirigía periódicos de importancia. Con frecuencia fue acusado de ser una veleta del periodismo, que cambiaba de ideología sin mayores escrúpulos. Acusación tan grave provino de varias personas, y en una ocasión de uno de sus más cercanos colaboradores, Francisco Casares, que presentó su renuncia como redactor político de EL SOL por no estar de acuerdo con la tendencia que el periódico recién había adoptado.12

La mayor crítica sobre la labor periodística de Guzmán provino nada menos que de su amigo y protector, Manuel Azaña, que en sus memorias escribió:

La Voz desciende en tirada vertiginosamente, y la circulación de El Sol en Madrid no pasa de cinco mil ejemplares. Gran parte del público se ha percatado de la fealdad e inmoralidad que hay entre bastidores.”13

En otra ocasión, el escritor fue acusado de idear una estratagema para despedir a varios periodistas sin causa justificada y sin proporcionarles la indemnización correspondiente. El asunto se hizo del conocimiento de los tribunales, ante los que no resulto el ardid de alterarse el nombre, y Guzmán fue obligado a decidir entre indemnizar a los empleados con miles de pesetas o restituirlos en sus empleos.14

Pero, es posible que el mayor contratiempo del señor Guzmán haya sido el de habérsele involucrado en un asunto de contrabando de armas que tuvo lugar durante el gobierno de Azaña. Su amistad y cercanía con el político fueron motivo para que el escritor compareciera en varias ocasiones ante el juez que conocía del asunto.15

Sin embargo de lo anterior, es indudable la calidad de novelista de Martín Luis Guzmán, y es innegable su lugar como pionero en la novela de la Revolución.

La Guerra Civil

No deja de llamar la atención que después de su difícil estancia en la Península, Martín Luis Guzmán haya publicado MEMORIAS DE PANCHO VILLA, y es necesario hacer énfasis en ello porque, tras estallar la Guerra Civil, la admiración por Villa fue en aumento. ¿Fue el entusiasmo español por Villa lo que inspiró al escritor?

Lo extraño es que, durante la guerra, el Centauro del Norte fue adoptado y usado como bandera por individuos que militaban en el bando republicano, cuando la opinión más aceptada era que había sido un reaccionario. Tampoco puede decirse que el nacionalismo de Villa haya podido ser una fuente de inspiración para comunistas que muy poco valoran dicho sentimiento, lo cierto es que el rebelde mexicano se convirtió en una inspiración para los combatientes republicanos.

La narración de Luis Suarez sobre el combate de Llerena, que tuvo lugar el treinta de agosto de 1936, puede dar idea de ese villismo trasplantado y malinterpretado que surgió a comienzos de la Guerra civil:

Este sí sería un combate, con aviación y artillería. Cada vez que nuestras únicas tres piezas de artillería, mandadas por el capitán Sediles… hacían fuego sobre Llerena, nosotros, que estábamos por delante, nos pegábamos al suelo como si la granada fuera a caernos encima.”

No tardaron en aparecer tres trimotores Junkers alemanes que incendiaron los trigales. Todo era calor, sed y fuego. Es terrible la sensación de impotencia que se tiene la primera vez que uno sufre un bombardeo aéreo. Y se hacen hasta las más solemnes tonterías. Bajo un puente de la carretera, donde ningún soldado experimentado se hubiera puesto por ser claro objetivo de la aviación su bombardeo, estaban unas muchachas empistoladas con otros jóvenes de un batallón que usaban anchos sombreros con esta inscripción: ‘Batallón Pancho Villa’. Una de esas ‘villistas’, asomaba de cuando en cuando la cabeza por el arco del puente, y disparaba su pistola de nueve milímetros sobre los trimotores a más de mil metros de altura, y blindados. Como yo llamara la atención de esa tontería fui completamente apabullado por los de ‘Pancho Villa’ que creían en la posibilidad de derribar un trimotor con tan modesta arma.”16

Del general Francisco Villa podrían decirse muchas cosas, pero nunca que fue anarquista, entre sus seguidores impuso una férrea disciplina y un orden dignos de cualquier ejército profesional. Aquí salta a la vista una característica de la Revolución mexicana que no tuvieron otras grandes revoluciones como la rusa o la francesa, ésta es la de que se copió en todo a la disciplina y la organización del antiguo ejército, así como la estructura del gobierno. El villismo no tuvo nada de anarquista, pero esto no fue obstáculo para que un grupo de Barcelona, que se reunía hacia 1938 se denominara “Grupo Anarquista Pancho Villa”.17

A medida que avanzaba la guerra, crecía la admiración de los combatientes por el Centauro del Norte, y la “leyenda negra” de Villa se iba diluyendo. En 1937, el periódico comunista EL SOL, publicó algunas líneas sobre el caudillo mexicano, que difieren notoriamente con las que se publicaban antes de la guerra:

Pancho Villa. ¿Qué fue verdaderamente Pancho Villa, ídolo un día del pueblo mejicano? ¿Bandolero, jefe revolucionario, guerrillero? Lo indudable es que Villa fue el guía de un ejército de peones, de hombres de campo, de parias, de rebeldes, de hambrientos. Y fue más que eso todavía: fue el dolor enfurecido de Méjico debatiéndose contra quienes lo causaban. Fue el coraje desafiando a la muerte. A Villa le seguía un pueblo que ardía en una llamarada loca de esperanza. Y cuando al fin esa llama languideció y cuando del Ejército norteño no quedó más que el reflejo de una fuerza desintegrándose, aún quedó en pie el prestigio de coraje de Pancho Villa, un prestigio imperecedero.18

No debemos pasar por alto que el periódico, EL SOL, era uno de los que manejó la Compañía Editorial Española, de la que Martín Luis Guzmán había sido gerente (cuando se publicó el texto transcrito ya había regresado a México). Cabe preguntarse si Guzmán alentó el fervor por Villa o si el fervor por Villa dio prestigio a Guzmán.

Los tres Villa

A tanto llegó la admiración, que algunos combatientes adoptaron o se les impuso el sobrenombre de “Pancho Villa” como un reconocimiento a su valor. Para mediados de 1937 habían sido por lo menos tres los “Pancho Villa” surgidos en el bando republicano: para entonces uno había muerto; otro combatía en Aragón; y el tercero, tal vez el más famoso, era Luis Gallardo, Jefe de Dinamiteros del Centro.19

El primer “Pancho Villa” era un comunista muy conocido en Tetuán de las Victorias, donde vivía de comprar y vender fierro viejo. Desde los primeros días de la Guerra se incorporó a la guerrilla de Pando, un médico de Rascafría que dejó su clínica para engrosar las filas republicanas. Era “Pancho Villa” de un carácter alegre, que animaba a sus compañeros en los difíciles momentos, pero era también reconocido por su valor, por ser un buen combatiente “que no le volvía la cara al peligro”. Alcanzó el grado de capitán del Batallón Thaelman y cayó en la defensa de Madrid.20

El dinamitero Luis Gallardo García fue otro “Pancho Villa”, sobrenombre ganado por su valor. Antes de la guerra fue minero en Linares y relojero en Madrid, oficios de que le dieron las aptitudes necesarias para el peligroso manejo de la dinamita. Se encontraba en Sevilla cuando comenzó la Guerra, evadiendo el peligro de ser capturado llegó a Badajoz, donde actuó como jefe de las Guardias Rojas, de allí pasó a ser capitán de un escuadrón de caballería y posteriormente fue trasladado al frente de Andalucía, donde cayó herido por primera vez. Así transcurría la Guerra para Gallardo cuando, por sus habilidades especiales quedó al frente de los dinamiteros de la columna “Tierra y Libertad” (clara alusión a otra prominente figura de la Revolución mexicana). En 1937 el periódico SOLIDARIDAD OBRERA publicó el relato de una de las acciones del “Pancho Villa” dinamitero:

Recientemente el Estado Mayor llamó a ‘Pancho Villa’ para encomendarle una delicada misión. Inmediatamente ‘Pancho’ reclutó nueve hombres entre los que había, dos hermanos y dos cuñados suyos; se internaron por la colectora del Matadero y llegaron hasta bajo de los parapetos del enemigo. Allí planearon la práctica de la operación y a las nueve de la noche comenzó el trabajo; cavaron 18 galerías debajo mismo de los parapetos enemigos en una extensión aproximada de unos 250 metros, en estas galerías repartieron 1000 kilos de dinamita de primera clase, colocaron la mecha en cada una de ellas y las juntaron a un cable de alta tensión que salía fuera de la colectora terminando en los bordes del conmutador. Todo este trabajo tuvo que hacerse con agua hasta más arriba de la cintura y en muchos trayectos a rastras. La dinamita se trasportó en paquetes ya que no era posible en cajas, lo que obligó a los dinamiteros a hacer infinidad de viajes por aquella galería de unos 1700 metros de largo; el trabajo era penoso de sí, agotador para hombres que no hubieran estado habituados a la mina, pero lo que más molestó a nuestros héroes, fue el tener que estar a oscuras y en absoluto silencio. Mientras operaban al final de la mina se orientaban por el ruido que hacía el enemigo encima de sus cabezas; oían como funcionaban las ametralladoras, pero ellos seguían cumpliendo con su misión sin inmutarse por nada; a las 5 de la mañana quedó toda la operación lista; todo quedó repasado por el propio ‘Pancho’, que igual que los otros compañeros trabajó con entusiasmo para que con su ejemplo no desmayaran; el Alto Mando ordenó las avanzadillas unos 2000 metros para evitar los efectos de la explosión y a las 7 y 20 de la mañana se dio la orden de fuego. Funcionó el conmutador y seguidamente una terrible explosión lanzó por los aires todo lo que se encontraba encima de las 18 galerías; el estampido fue enorme desde los 1500 metros en que nos hallábamos observando y los efectos de un resultado sorprendente; nuestras avanzadillas que ya estaban preparadas avanzaron sin necesidad de disparar un solo tiro, por un gran sector que el enemigo abandonó huyendo a la desbandada y abandonando todo el material que poseía, en manos de nuestra gente, que les persiguió sin encontrar ninguna resistencia; después de un detenido reconocimiento se comprobó que se habían destruido al enemigo las fortificaciones y parapetos que tenía en este sector desde los que se hacía fuerte y de donde era difícil desalojar; ante el brillante resultado de esta operación en Alto Mando felicitó a ‘Pancho Villa’ y sus valientes muchachos que con todo valor y entusiasmo lograron un avance en este sector.21

Es difícil decir por qué fue Villa y no otro quien acaparó la atención de los españoles. El verdadero apellido del caudillo, Arango, que Manuel González Calzada tradujo por “altura del valle” delata un origen vasco, pero eso mismo podría decirse de otros revolucionarios como Carranza “peñascal”.22 Sería absurdo pensar que la simpatía por el Centauro del Norte provino del origen de su patronímico, sobre todo, porque muy pocas veces se mencionaba su verdadero nombre. Lo cierto es que la admiración por él fue general, y no solo partió del bando republicano.

En sus memorias, Roberto Vega González refirió cómo fue interrogado por un grupo de franquistas sobre Pancho Villa, nombre que para ellos era sinónimo de la Revolución mexicana, aunque esta vez, la actitud despectiva para el Caudillo provino del mexicano al responder:

Algo tuvo que ver este guerrillero con la revolución.”23


Rusia y México; México y Rusia

La Guerra de España fue un acontecimiento decisivo para el siglo XX. En México, donde llegaron cientos de refugiados republicanos, se le pretende estudiar solo desde el punto de vista republicano. Hace pocos años, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se presentó un ciclo de testimonios de algunos de aquellos refugiados que narraron experiencias de la guerra y de su llegada a México. Resulta siempre imponente la narración de los protagonistas de la historia, la descripción del sufrimiento, la angustia, las penas y horrores de la guerra. Sin embargo, en aquella ocasión, como en muchas otras, faltó la voz de los sobrevivientes de las matanzas perpetradas por los rojos, de las comunidades religiosas fusiladas (resultado de la revolución laica), de los civiles que se levantaron contra la República, porque no todo fue franquismo. No solo fueron fascistas contra comunistas, se pasa por alto a los millares de civiles, en su mayoría carlistas, que ofrecieron su vida para librarse del yugo rojo.

En México hubo partidarios de ambos bandos, aunque se afirme falsamente que las simpatías generales estaban con la República. Si bien, el gobierno tomó partido por la República y la apoyó en forma decidida, la población conservó sus opiniones, que muchas veces no coincidían con las del Presidente.

Los combatientes mexicanos en España fueron pocos, pero estuvieron presentes en ambos bandos. Por ejemplo, Roberto Vega González, cadete del Heroico Colegio Militar partió rumbo a la península con algunos compañeros para luchar por la República24; mientras que el aviador mexicano Caso Mier se trasladó a España desde el comienzo de la guerra para incorporarse a la aviación franquista, fue condecorado en numerosas ocasiones por su valor y heroísmo, hasta que, a consecuencia de una lesión, no pudo volar más, entonces cambió el aeroplano por el tanque de guerra, y fue conductor de tanques hasta que cayó peleando por España.25

La Guerra Civil española tuvo una fuerte repercusión en la política interna de México y se tomó como una forma de expresar las ideologías más opuestas: por un lado, la ideología comunista del grupo en el poder; y por el otro, las ideologías nacionalistas, en buena parte apoyadas por veteranos de la Revolución mexicana. El hecho fue conocido por algunos combatientes republicanos, como lo refirió Luis Suárez al hablar de algunos de sus compañeros de armas:

Marín, enfermizo, con la entereza del revolucionario más decidido, siempre entonando en valenciano o en catalán, canciones sentimentales, soñando en la Unión Soviética o en México, de donde sabía, y nos lo explicaba al detalle, que los llamados ‘Dorados’, de Pancho Villa, eran ahora un grupo de contrarrevolucionarios.”26

Es evidente que se confundía a los “Dorados” de Villa con los “Camisas Doradas”, pero es cierto que entre las filas de los últimos se encontraba un buen número de ex combatientes villistas.

Aunque en México hubo simpatías por el franquismo, la actitud del gobierno en favor de la República hizo que el bando nacionalista se cerrara a todo lo mexicano. El apoyo de Rusia a la Republica y el apoyo mexicano, o bien, el apoyo de Rusia a través de México, fue la causa de esa desconfianza hacia la tierra azteca. Entonces, para el nacionalismo español era lo mismo México y Rusia, Rusia y México.27

BIBLIOGRAFÍA

González Calzada, Manuel, MÉXICO VASCO, Costa-Amic Editor, México, 1975, Pp. 233.

Junco, Alfonso, ESPAÑA EN CARNE VIVA, Ediciones Botas, Méjico (sic.), 1946, Pp. 429.

Katz, Friederich, LA GUERRA SECRETA EN MÉXICO, Tomo I, Ediciones Era, Sexta reimpresión, México, 1988, Pp. 405.

Luzarraga, Valentín, ENTRE CUERNOS Y METRALLA, Proveedora Mexicana, México, ¿1940?, Pp. 304.

Suárez, Luis, ESPAÑA COMIENZA EN LOS PIRINEOS, Editorial Moncayo, México, 1944, Pp. 208.

Vega González, Roberto, CADETES MEXICANOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA, Compañía General de Ediciones, México, 1954, Pp. 221.

HEMEROGRAFIA

EL IMPARCIAL (Madrid)

EL HERALDO DE MADRID (Madrid)

LA LIBERTAD (Madrid)

LA VOZ (Madrid)

LA ESTAMPA (Madrid)

EL SIGLO FUTURO (Madrid)

GRACIA Y JUSTICIA (Madrid)

SOLIDARIDAD OBRERA (Barcelona)

EL SOL (Madrid)

MUNDO GRÁFICO (Madrid)


1 Katz, Friederich, LA GUERRA SECRETA EN MÉXICO, Tomo I, Ediciones Era, Sexta reimpresión, México, 1988, p. 299.

2 PLAN DE RÍO FLORIDO, en Expediente del general Cirilo Arenas, ARCHIVO HISTÓRICO DE LA SECRETARÍA DE LA DEFENSA NACIONAL.

3 “Los Mejores Boxeadores del Mundo”, EL IMPARCIAL, año LIX, número 20295, Madrid, Sábado 31 de enero de 1925.

4 “Boxeo, un Programa Sensacional”, EL IMPARICAL, año LIX, número 20296, Madrid, Domingo 1 de febrero de 1925.

5 “Información Deportiva”, HERALDO DE MADRID, año XXXV, número 12309, Madrid, Miércoles 15 de julio de 1925.

6 “Pugilato”, LA LIBERTAD, año X, número 2585, Madrid, Martes 3 de julio de 1928; “La Velada de anoche en Gijón”, LA LIBERTAD, año XII, número 3303, Madrid, Domingo 19 de octubre de 1930.

7 “Bibliografía”, LA LIBERTAD, Madrid, 1 de julio de 1928.

8 “Estreno en el Infanta Beatriz de Nopal”, LA VOZ, año IX, número 2255, Madrid, 9 de enero de 1928.

9 “Los Estrenos”, ESTAMPA, año 1, número 3, Madrid, 17 de enero de 1928.

10 Reyes, Alfonso, “La crítica del ‘cine’ en España”, LA VOZ, año XV, número 4129, Madrid, Sábado 24 de marzo de 1934.

11 Luzarraga, Valentín, ENTRE CUERNOS Y METRALLA, Proveedora Mexicana, México, ¿1940?, p. 86.

12 “El Redactor Político de ‘El Sol’ señor Casares se Separa de la Redacción”, EL SIGLO FUTURO, año LIX, número 18112, Madrid, Viernes 28 de septiembre de 1934.

13 Junco, Alfonso, ESPAÑA EN CARNE VIVA, Ediciones Botas, Méjico (sic.), 1946, p. 134.

14 “El Periodista Despedido”, GRACIA Y JUSTICIA, año IV, número 140, Madrid, 25 de agosto de 1934.

15 “El Juez dice que ha Conseguido Levantar una Punta de Velo del Misterio”, HERALDO DE MADRID, año XLIV, número 15184, Madrid, Sábado 29 de septiembre de 1934; “El Contrabando de Armas en Tiempos del Señor Azaña”, EL SIGLO FUTURO, año LIX, número 18176, Madrid, Miércoles 12 de diciembre de 1935.

16 Suárez, Luis, ESPAÑA COMIENZA EN LOS PIRINEOS, Editorial Moncayo, México, 1944, p. 130-131.

17 “Asambleas- Grupo Anarquista Pancho Villa”, SOLIDARIDAD OBRERA, época IV, año VII, número 1976, Barcelona, Sábado 27 de agosto de 1938.

18 “Los que Combaten.- Pancho Villa, el Dinamitero”, EL SOL, año I, número 67, Madrid, Sábado 14 de agosto de 1937.

19 “Los que Combaten.- Pancho Villa, el Dinamitero”, EL SOL, año I, número 67, Madrid, Sábado 14 de agosto de 1937.

20 García Diez, Francisco, “El Puerto del Reventón”, LA LIBERTAD, año XVIII, número 5122, Madrid, Sábado 29 de agosto de 1936; “La Vida de los Caudillos Populares, Contada por ellos Mismos”, MUNDO GRÁFICO, año XXVII, número 1338, Madrid, Miércoles 23 de junio de 1937.

21 Rojinegro (Corresponsal de Guerra), SOLIDARIDAD OBRERA, época IV, año VIII, número 1476, Barcelona, Martes 5 de enero de 1937.

22 González Calzada, Manuel, MÉXICO VASCO, Costa-Amic Editor, México, 1975, p. 219 y 221.

23 Vega González, Roberto, CADETES MEXICANOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA, Compañía General de Ediciones, México, 1954, p. 134.

24 Ibidem, pp. 221.

25 Luzarraga, Valentín, Op. Cit., p. 100-102.

26 Suárez, Luis, Op. Cit., p. 177.

27 Luzarraga, Valentín, Op. Cit., p. 115-119.